Por qué los niños hacen rabietas

Por Paula Adamo Idoeta

Niña ofuscada
Hay muchas formas inteligentes de lidiar con estos comportamientos, siempre y cuando los padres se armen de estrategias y mucha paciencia.

«Hay días en que solo quiere comer del plato azul, otros en que no quiere comer. Pide ver la televisión o el iPad a la  hora de dormir, y cuando sus padres le dicen que no, empieza a tirar sus juguetes, llora desesperadamente y se tira al piso. Después no quiere entrar a bañarse, y cuando lo hace, no quiere salir». Situaciones como éstas son parte de la rutina de los padres cuyos hijos se aproximan a los 2 años de edad, una fase conocida como la «adolescencia de los bebés».

Y estos padres, que estaban acostumbrados a un bebé que aceptaba casi todo pasivamente, se ven ahora frente a un niño con voluntad propia, listo para hacer un berrinche si no cumplen con sus deseos. La buena noticia es que no solo es normal, sino una parte crucial de su desarrollo. Y lo aprendido a esa edad, ayudará a moldear cómo lidiará con sus sentimientos en la vida adulta.

La segunda buena noticia es que hay muchas formas inteligentes de lidiar con estos comportamientos, siempre y cuando los padres se armen de estrategias y mucha paciencia.

Incapaz de ejercer el autocontrol

Niño
El niño comienza a darse cuenta de que no es una extensión de sus padres, sino una persona con sus propios deseos.

«Es una fase en la que el niño hace descubrimientos increíbles y gana una enorme capacidad de interacción. Pero las áreas de autocontrol en su cerebro aún no se han desarrollado», explica Ross Thompson, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de California en Davis, Estados Unidos.

«Lo más importante es que los padres entiendan que ese niño es simplemente incapaz de controlar sus emociones. Ese entendimiento los ayudará a ver la situación de forma más constructiva, y no pensar en que se trata de un desafío a su autoridad. No sirve solamente decirle que se calme, porque su cerebro es incapaz de responder a esa instrucción. Depende del adulto el ayudarlo a poner sus sentimientos en palabras y manejarlos», explica el experto.

«El niño comienza a darse cuenta de que no es una extensión de sus padres, sino una persona con sus propios deseos. Y a esos nuevos deseos se suma una intensa frustración, acompañada de llanto», dice por su parte la educadora Elisama Santos.

Esta maduración del control emocional en el cerebro perdura hasta alrededor de los 20 años, pero la fase más crítica de esta «adolescencia de los bebés» se acaba a eso de los 4 años, cuando el niño aumenta su repertorio para expresarse y hacerse entender.

«Si los padres se dejan llevar por la rabia y castigan a sus hijos, las situaciones tienden a salirse de control. Si en vez de eso actúan con calma y empatía y le ofrecen estrategias al niño, él aprenderá herramientas para lidiar con sus emociones, algo que lo ayudará en la vida adulta», dice Claire Lerner, consejera parental de «Cero a Tres».

Fuente: BBC Mundo

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